Querida Mamá,
Soy yo, tu cansancio. Estoy contigo todos los días, a veces como una sombra silenciosa, otras veces como un peso en tus hombros que no puedes ignorar. Estoy ahí en las noches en que no puedes dormir, en las mañanas que empiezan demasiado temprano, en las horas interminables de estar al pendiente de todos.
Sé que tratas de esconderme, de ignorarme, de empujar un poco más, como si pudiera desaparecer si te esfuerzas lo suficiente. Pero, mamá, es hora de que me escuches. No soy un enemigo; solo soy la señal de que has estado dando más de lo que puedes sin tomar un respiro.
No tienes que ser fuerte todo el tiempo. No tienes que hacerlo todo por todos. Está bien pedir ayuda, descansar, y reconocer que tú también necesitas ser cuidada.
Sé que te cuesta dejar ir, que piensas que todo depende de ti. Pero quiero recordarte que también mereces tiempo para ti misma, para recuperar fuerzas, para reconectar con lo que te llena de vida.
Así que, por favor, tómame de la mano, siéntate conmigo y descansa. Deja que el mundo siga girando mientras tú recuperas el aliento. No te defino, solo te muestro que eres humana, y que necesitas cuidarte tanto como cuidas a los demás.
Con cariño,
Tu Cansancio de Mamá.
Luego de leer esta carta, quiero dejarte 4 preguntas para reflexionar, recordando que cada maternidad es una historia única:
- ¿En qué parte de tu cuerpo —y de tu ser— estás sintiendo ese cansancio?
- ¿Qué te está diciendo tu cansancio hoy?
- ¿Qué le responderías si pudieras hablarle como a una amiga?
- ¿Con qué pequeño compromiso contigo misma quieres empezar a partir de hoy?
