Alimentación y Autismo.

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Alimentación y Autismo.

 

El Autismo es un trastorno neurobiológico muy complejo que afecta el pensamiento, la comunicación y el conducta social de quien lo padece. Y debido a una alteración en la recepción de la información se produce una respuesta exagerada a algunas sensaciones como olores, imágenes o sonidos por ejemplo.

Los síntomas suelen aparecer antes de los 3 años y es más frecuentes en niños que en niñas. Diversas investigaciones muestran que muchos autistas tienen cierta deficiencia enzimática para metabolizar la caseínas, proteína de la leche, y el gluten, proteína del trigo. Esto les ocasiona una sobre estimulación en el cerebro parecida a la causa por drogas como la morfina o la heroína ocasionando en muchos casos conducta de aislamiento, autoagresión o cambios de humor.

Una alimentación libre de caseína y/o gluten ha demostrado beneficios terapéuticos en muchos pacientes pero no de debe generalizar, suprimir estas sustancias de repente y sin acompañamiento profesional. Al igual que en otros niños, la alimentación de los autistas debe satisfacer sus necesidades nutricionales según edad, sexo, peso, estatura y actividades diarias, los recursos de su familia, sus preferencias y condición general de salud. Cada caso es único, lo que amerita que el tratamiento sea individualizado y de ser posible basado en análisis clínicos y de laboratorio. Los alimentos recomendados para su dieta son: cereales (maíz, arroz y quinoa), legumbres (lentejas, habichuelas y garbanzos), carnes (pollo y pavo sin grasas, y res ocasionalmente), pescados y mariscos (salmón, camarón, loco, reineta y merluza), lácteos (huevo de gallina y/o codorniz, leche de soya y/o almendra y Tofu), frutas (naranja, pera, manzana, mandarina, piña, lechoza y cereza), vegetales (espinaca, acelga, brócoli, zanahoria, papa, auyama, berenjena, cebolla, pimientos y tomate) y aceites o grasas (maíz, canola, oliva y margarina 100% vegetal), frutos secos (nueces y almendras), especias (tomillo, orégano, anís, clavo dulce, canela, menta, romero, vainilla, eneldo y laurel) y bebidas (infusiones de hoja de té, agua natural y jugos de frutas caseros). Y siempre se deben evitar: lácteos derivados de la leche de vaca (queso, yogur, mantequilla y batidas); embutidos (salchichas y/o jamón); harina de trigo, avena y cebada; frituras, refrescos y jugos enlatados; conservar, alcohol, té de bolsitas, café y vinagre. Otras recomendaciones: hacer varias comidas al día; aumentar el consumo de frutas, vegetales y agua; incrementar el consumo de alimentos ricos en vitaminas (B6, C y E) y minerales (calcio, magnesio, selenio y zinc); evitar los alimentos con conservantes, colorantes y saborizantes; reducir el consumo de dulces, bizcochos y helados; evitar las frituras y reducir el consumo de sal.

A todo esto se debe añadir el apoyo familiar, un seguimiento médico regular, calidad en las horas de sueño, tiempo de recreación y educación especial para lograr una vida lo más normal y satisfactoria posible.

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